La psicofonía de Madaba

                                              ¡Eh!¿Esto qué es?


No, no era ni soy aficionado ni apasionado por las psicofonías, ni voy por el mundo buscando pruebas de su existencia en lugares antiguos. Estas creencias supersticiosas no se alinean con mis pensamientos, y sobre todo la hipótesis que sugiere que los sonidos provienen del más allá, de personas fallecidas intentando comunicarse con los vivos, me resultan poco creíbles por su romántica idea, o eso que dicen de quedar atrapados entre los vivos y los muertos buscando cosas que, a mi parecer, ya no deberían pertenecen al supuesto mundo de los fallecidos, otro universo u otra dimensión, y ser comprendidas desde una realidad no sujeta a las leyes físicas de nuestro universo. No es que sea escéptico, simplemente considero que parecen más narraciones infantiles al utilizar argumentos tan antropomórficos sobre estos fenómenos, olvidándose de todas las demás especies que han habitado nuestro planeta, como si ellos, a los ojos de una supuesta naturaleza superior, no existieran.

Y soy de los que suponen que todo tiene una explicación científica, aunque no pueda explicarla debido a mis limitaciones intelectuales. Siempre y cuando sea un hecho real lo que ha ocurrido, obviamente, creo que existe una explicación lógica y científica detrás. Debido a mi falta de conocimiento, no puedo (ni deberíamos) convertir un evento desconocido en un acto de fe, ni puedo dejarme llevar por el misticismo. Es importante mantener la calma y la cordura cuando la pasión cabalga desenfrenada intentando distorsionar la realidad, creando una construcción virtual que se intenta ajustar más a nuestros propósitos y deseos más profundos, pero que carece de relación con la verdad objetiva.

En definitiva, mi estilo de viajar se centra más en la historia, la cultura, el entretenimiento y, en menor medida, la gastronomía. No me considero un estudioso o iniciado en los fenómenos paranormales ni en lo esotérico, aunque de vez en cuando me divierte ver algún capítulo de Cuarto Milenio, el programa de éxito dirigido por Iker Jiménez.

En virtud de ello, lo que compartiré en un párrafo de esta entrada sobre mi visita a Madaba es simplemente una anécdota cuyo origen desconozco después de casi seis meses de haber viajado allí. No sé cómo sucedió, pero es en una curiosidad que deseo compartir con todos vosotros.


Y ahora, sin más demoras, me sumergiré en el relato de mi extraordinaria jornada en Madaba, sazonado con un toque de misterio.

Afortunadamente, contar con los servicios de Karam haría que los aspectos complicados del transporte público hacia Madaba se simplificaran considerablemente. Esa mañana, tenía que ir a Ammán para llevar a cabo algunos trámites, y él me señalaría la intersección de carreteras donde debía bajarme para tomar otro vehículo hacia Madaba. El primer tramo del recorrido lo haríamos juntos.

Karam era el atento y amable anfitrión del alojamiento (Guest house Beit Alkaram) donde me hospedé en Karak para visitar los restos del castillo de los templarios. Fue una elección acertada elegirlo.



El mejor lugar donde me alojé en Jordania.


Desde Karak, la carretera se dividía en dos ramales con el mismo destino final: Ammán. Uno de ellos seguía el sinuoso y pintoresco recorrido de la carretera del Rey, de gran interés turístico, mientras que el otro, menos atractivo, pero más rápido, se unía a la carretera de Ma'an hacia Ammán. En mi caso, al depender del transporte público, la única opción disponible era tomar la segunda ruta, ya que no había servicio de transporte público a lo largo de la carretera del Rey al menos que quisiera hacer dedo, algo que acabé descartando cuando Karam me reveló su plan.

Karam conversó con varios conductores en las cercanías hasta que encontramos uno que se dirigía de vuelta a Ammán en su minibús, sin pasajeros. Nos ofreció la oportunidad de viajar con él sin tener que hacer tantas paradas, y todo esto por el mismo precio. Solo tuvimos que esperar unos veinte minutos mientras él desayunaba.


Paramos en el entronque de dos autovías principales cerca de los arrabales de la capital. Pagué 3 J y me despedí de mi anfitrión con un sentido abrazo. Crucé la carretera y cambié de sentido de la marcha, dirigiéndome hacia una cercana explanada por el arcén con el fin de buscar algún minibús para detenerme. Antes de llegar, me encontré con un grupo de mujeres harapientas con el cabello cubierto, que se mostraban excesivamente aduladoras, algo inusual en la idiosincrasia jordana. Me abordaron de manera intimidatoria, solicitando dinero. Ante mi negativa y al darles la espalda, algunas de ellas alzaron la voz en un tono desagradable y estridente. Esto suceso me recordó un libro que había leído recientemente, "Memoria de una ciudad" de Abdelrahman Munif. En ese libro, uno de los personajes, el jeque Háfez, profesor coránico de Ammán en el siglo anterior, solía amenazar y golpear a sus alumnos con frases como esta: "¡Mal veneno te entre en el cuerpo! ¡Así se te sequen los ojos y el corazón, so mentecato! ¡Ojalá te mueras!". El libro recreaba la vida de Ammán en la segunda mitad del siglo XX. Ciertamente, fueron unos minutos incómodos, y mientras esperaba el transporte que no tardó en llegar, pensé que aquellas lenguas viperinas habían sido alimentadas en los barrios más sórdidos o en algún lupanar de mala muerte.

Al primer minibús que pasó, paró. Fue complicado encontrar un espacio en un vehículo tan abarrotado donde apenas había huecos disponibles. Estaba totalmente lleno. Afortunadamente, para mi cuerpo quejumbroso, solo tuve que soportar diez minutos de posturas molestas. Llegamos a Madaba rápidamente, y el costo del viaje fue de 0,5J.



El Hotel Piligrims, reservado por booking el día anterior, estaba a un kilómetro de la estación de autobuses, una distancia que me agradaba recorrer siempre a pie cuando viajaba. Tenía un amplio y rectangular hall de entrada donde en una de sus paredes exhibía una recreación del famoso mosaico de Madaba: un mapa de la región del siglo VI d. C. Cuando llegué tuve que esperar sentado a que acabaran las explicaciones del guía a su grupo de turistas italianos que explicaba entusiasmado las características del mosaico después de haber ido a ver el deteriorado pero el original ubicado en la Iglesia ortodoxa de San Jorge, muy cercana a mi hotel.




Finalizadas las explicaciones ilustrativas y personalizadas del guía, me levanté y me dirigí hacia la recepción cercana para realizar el registro de entrada. La recepcionista me atendió con timidez, como si le incomodara mi presencia. El costo de la habitación fue de 17 J.

El único inconveniente que encontré durante mi estancia fue que la puerta del balcón no se cerraba con llave, siempre quedaba abierta. Esto planteaba un problema, ya que era fácil cruzar de un balcón a otro a través del barandal. Sin embargo, tuve la suerte de tener un baño privado, a pesar de no haberlo solicitado al hacer la reserva a través de Booking. Además, como era temporada baja, había muy pocas personas alojadas, lo que reducía considerablemente las posibilidades de robo.

Almorcé algo e inicié la visita a los lugares más interesantes de esta ciudad de mayoría cristiana en un país musulmán.

Al ser una ciudad pequeña y los puntos de interés estar todos muy cercanos entre sí decidí recorrer todo a pie, hasta donde llegara. Lo primero que hice fue acercarme al Visitor Center. Allí me dieron una breve explicación del recorrido y un tríptico del Madaba turístico. Ascendiendo por una calle hasta el primer sitio de interés: Parque Arqueológico I. Un solar al aire libre que albergaba mosaicos y los cimientos de una iglesia bizantina. 



 

Luego, sin más preámbulos, caminé por la estrecha calle peatonal bordeada de tiendas de souvenirs y restaurantes dirigidos al turismo. Pasé frente a la fachada de mi hotel y llegué a la Iglesia Ortodoxa de San Jorge. Al ingresar, pude observar en el suelo un famoso mosaico mundialmente reconocido, aunque debo admitir que no despertó fuertes emociones en mí. El resto de la iglesia carecía de singularidades que la hicieran destacar, era bastante común. Sin perder mucho tiempo, continué mi paseo hacia el siguiente punto de interés.






Paseando por estrechas callejuelas, llegué finalmente a la Iglesia de la Decapitación de San Juan Bautista, un lugar que transformó mi jornada monótona y le agregó un toque místico, tal como había mencionado al principio.




La joya del complejo era el museo acrópolis ubicado en el subsuelo de la iglesia católica, construida a principios del siglo XX. El museo contaba con pasillos abovedados y un pozo moabita de aproximadamente 3000 años de antigüedad, que era de un valor histórico incalculable. Decidí grabar todo el recorrido de los pasillos con mi teléfono móvil desde ese pozo. En ese momento, no había nadie más en el lugar, y solo se escuchaba el suave zumbido de unos ventiladores en una pequeña sala cercana. Una vez finalizado el recorrido, detuve la grabación y no le di más importancia hasta que, mientras disfrutaba de una cerveza en un restaurante, la cual resultó ser la más cara que he pagado en mi vida (7 euros), reproduje el video. Para mi sorpresa, aproximadamente treinta segundos después de iniciar la reproducción, escuché una voz masculina pronunciando una palabra ininteligible para mí. No tenía idea de dónde había surgido esa voz, ya que durante mi visita al subsuelo no había escuchado absolutamente nada. La transcripción fonética de la palabra parecía algo así como "foreves".






Sin saber aún acerca de mi habilidad como cazador de "psicofonías", subí por una estrecha escalera que me condujo al transepto de la iglesia católica, acercándome a la entrada del campanario. Era un lugar angosto y empinado, donde tenía que tener mucho cuidado para evitar hacer sonar las campanas mientras trataba de esquivarlas en el escaso espacio disponible. Las paredes estaban cubiertas de graffiti de poco valor artístico y sí tenía mucho de roñoso. Sin embargo, desde allí se podía disfrutar de unas hermosas vistas de la ciudad.






Al encontrarme cerca de un pequeño museo al salir de la iglesia, decidí visitarlo. El conserje, un hombre barbudo vestido con las tradicionales ropas de los beduinos, se unió a mí sin haberlo invitado el muy cabrón. Hablaba tan rápido como una ametralladora Dillon Aero M134D, capaz de disparar 3000 rondas por minuto, tratando de explicar todo lo expuesto en el menor tiempo posible. La visita terminó más rápido de lo esperado y el conserje, ansiosamente, me pidió una propina en tres ocasiones. A falta de dinero suficiente y que no estaba lo suficiente enojado por su actitud, le ofrecí la calderilla que tenía en mi bolsillo, que no era mucho y me fui sin despedirme de él.

A las 15:45 h, decidí dar por finalizada mi visita turística a Madaba, a pesar de que aún me quedaban dos iglesias por ver. El tiempo se agotaba, ya que cerraban a las 16:00 h. Así que me dirigí a la pequeña rambla peatonal, indicada anteriormente, donde había una variedad de restaurantes y tiendas de recuerdos, en busca de un lugar para comer algo. Opté por el restaurante Fokar Bhar y nuevamente pedí humus, falafel y patatas fritas, una elección que había hecho varias veces durante mi viaje. Acompañé la comida con unos refrescos, y el total fue de 7J. La comida estaba deliciosa

Al caer la noche, decidí darme el gusto de tomar la cerveza más cara que había probado en mi vida. Después de dos semanas sin probarla tocaba rascarse el bolsillo. Mientras la bebía, comencé a pensar en la extraña experiencia que tuve al reproducir el video de los pasillos abovedados de la Iglesia de San Juan Bautista y escuchar la voz de un hombre en medio de un silencio total. Me reí, pensando que al menos la voz no tenía nada de aterradora, más bien parecía tener un tono autoritario. ¿Acaso estaba intentando decirme que me fuera a dormir? Afortunadamente, el efecto de la cerveza me tranquilizó, y pude descansar profundamente durante la noche. No sabía si en mis sueños se habían desatado tormentas maléficas con demonios del inframundo, torturándome con posibles desgracias futuras sobre pictogramas creados por seres indiferentes a las aflicciones humanas. Pero al despertar, sin embargo, me sentí en paz y dispuesto a enfrentarme a los problemas mundanos, que eran los verdaderamente importantes.

 Miércoles,24 de enero de 2023



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