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Mostrando las entradas etiquetadas como Naturaleza

Caminando por el Jardín de Irlanda

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                 -----------o0o-----------                                       THE WICKLOW WAY En estos días de confinamiento por el Estado de Alarma del Estado Español a causa de la pandemia COVID 19 que ya afecta de lleno a nuestra nación, días aciagos para la movilidad y para los más vulnerables, aprovecho para ordenar y hojear  los cajones de mi despacho.  Y entre ellos descubro una pequeña guía  del sendero más famoso de Irlanda: The Wicklow Way, que compré en Dublín a principios de la década terminada en un noviembre lluvioso para poder recorrer este camino a pie con la mayor información posible. Es el único recuerdo físico que tengo de aquella experiencia. No llevé cámaras ni móviles, quise centrarme completamente en recorrer sus 131 kilómetros en seis días. Olvidarme del mundo de las palabras y la tecnología. Ciertamen...

Mochilero en Guinea Bissau (IV)

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Mi fugaz visita al Parque Nacional Matas de Cantanhez No dejaba de pensar en aquel lugar lejano en África occidental, perdido en la memoria blanca y escasamente documentado para el público en general; desde que hojeé la única guía en español de Guinea Bissau escrita por el aventurero José Luis Aznar y leí la reseña sobre esta región.  Llegar a la sede del parque nacional, Jemberem, no era una tarea fácil ni era para espíritus lánguidos, aunque, cierto es, El Viajero Pesimista no fuera el alma más valerosa de este mundo.           Para llegar a Jemberem , primero debía coger un autobús en la polvorienta estación de Buba , ubicada en un extremo de la calle principal de esa anodina población sin mucho encanto. Llegué a pie, no tenía perdida. Y, sin esperar demasiado tiempo, subí al transporte público dirección a Mampatá , por 500CFA.  Cuando llegué a la pequeña estación de  Mampatá , pregunté a varias personas cómo podía llegar a mi destino,...

Mochilero en la maravillosa Reserva de Pacaya-Samiria

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La maravillosa Reserva de Pacaya-Samiria De cuando la conocí. Una   de las ilusiones que me perseguían desde la infancia era conocer uno de los pulmones del mundo. Pensaba que nunca estaría en ese enmarañado y frondoso bosque húmedo, que nunca conocería aquel territorio, de cuyo nombre todos conocemos y hemos oído hablar: la Selva Amazónica . Había leído varios libros en mi juventud de aventureros que se habían internado en sus entrañas, narrando sus aventuras y desventuras en aquel territorio intimidante y peligroso. No pensé nunca que dormiría ni una noche allí. Además, hasta hacía relativamente poco tiempo, cruzar en avión el Océano Atlántico no era precisamente barato y uno debía hacer un importante desembolso económico. Así que, hace más de dos décadas, viajar era algo reservado solo para   personas   adineradas, entre ellos niños de papá que les pagaban sus viajes estrambóticos , o aquellos que ahorraban durante mucho tiempo para poder realizar el viaje de sus sueño...

¿Qué Dios equitativo y amoroso permitiría salvar solo al hombre?

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Relato extraído de mi diario de una Peregrinación a pie a Lourdes.  Etapa 12 De Sarsamarcuello a Botaya 31,5 km.  Octubre 2010 No  quería saber nada de las peculiaridades urbanas aquella mañana de otoño; solo conectar con lo primitivo y salvaje que tenía aquel bosque del prepirineo, a través de caminos y senderos inmemoriales. La vida salvaje resistía en su reducto, revelándose a ser engullida por la civilización, un oasis de vida. Mis piernas danzaban al ritmo del caminante, en una danza ancestral que era la más primitiva de todas y la que reconciliaba al hombre con su naturaleza. Millones de pasos a lo largo de  millones de años habían esculpido, paso a paso, la genética de nuestra especie, y no se podía borrar de un plumazo. Lo más sencillo e infravalorado era la pócima mágica de la felicidad. ¡Y era feliz! Un sendero abrupto desembocó bruscamente en una pista, una pista cubierta infinitamente por las entrecruzadas ramas de las coníferas que luchaban desde sus fla...

Mochilero en Guinea Bissau (V)

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  LA ISLA BONITA (ISLAS BIJAGOS, GUINEA BISAÚ) D ía de apertura en la isla bonita: La incertidumbre se desvaneció a los quince minutos de estar en la playa. ¿Encontraría alojamiento? ¿La canoa saldría el día previsto para abandonar la isla? ¿Qué comería? ¿Vendría Guerra, un autóctono que trabajaba de guía, a buscarme en la playa como me prometió en Bubaque el día anterior?... Todas las preguntas sin respuestas inmediatas se desvanecieron, dejaron de tener importancia cuando me encontré sentado en la fina arena blanca de la playa, mirando fascinado el horizonte. Orango , la isla de los hipopótamos marinos , me había cautivado al instante, robándome mi voluntad, ejercía sobre mí una paz liberada de toda ley universal, profana, una calma y un estado de ventura inconcebible para todos los seres vivos creados por la gracia del caos y la destrucción de las supernovas. Sentía que podría pernoctar sin perturbar mi tranquilidad en aquella playa durante todas las noches que estuviera ...