La calle de la República de Cuba
En el incansable baile vienés de Don Tierra y Doña Luna volvieron una vez más a dar la espalda al refunfuñón y viejales Sol, despreciando su lumínica bondad. Por ello, el ombligo de la luna palideció, se tornó oscuro, y los ácaros civilizados tuvieron que pedir auxilio a las luciérnagas para poder ver, dejando en paz, hacia unas décadas, al plancton, otrora perseguido por su preciado tesoro, tesoro milagroso para volver a los ácaros quirománticos y adivinar lo que sucedía en el lado oscuro de sus existencias. En aras de ese baile cosmológico me sentía feliz, a pesar de ser un simple ácaro para el universo, caminando por el centro de Ciudad de México, donde podía escuchar los ecos remotos de la antigua civilización "lunar", entre las fisuras de los imponentes y majestuosos edificios coloniales. Centurias antes de que aparecieran los pájaros de hierro se comenzó su reconstrucción de estilo occidental, cuando aparecieron esos barbudos de la gran mar, unos años antes ...