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Un respiro en el valle

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Cochabamba,  al séptimo día del segundo mes de 2026 Llegué al mediodía al moderno y pequeño aeropuerto de Cochabamba, huyendo de los males provocado por la altitud.   Llegar al centro en taxi me costó 40 bolivianos.  Y no me resultó complicado recordar la dirección; esa vez no tuve que mirar  de nuevo  la aplicación de Booking  para indicarle al conductor: Calle España 342, Hotel Monserrat. La mayoría de las habitaciones daban a un patio interior, excepto algunas que daban a la calle  y tenían un pequeño balcón. Seducido por la luminosidad de la habitación y su amplitud no me lo pensé dos veces y me quedé con una de las que daban a la fachada principal, sin saber que por las noches se creaba un barullo de sonidos musicales y de personas en locales nocturnos. Aún así, no fue un gran problema: después de varias noches de mal dormir en La Paz, pasé allí dos noches profundamente dormido ajeno a lo que ocurría unos metros más abajo. —¿Quiere cancelar l...

Aquelarre en el altiplano

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  La Paz, al segundo o tercer día del segundo mes de 2026 Pensé equivocadamente que me aguardaban días felices en la mística ciudad paceña del altiplano andino, tras haber pasado una semana terrible en la calurosa urbe de las tierras bajas bolivianas. Los dolores de espinazo se habían atemperado gracias a las muchas horas de quietud en la cama de mi alojamiento y a los cortos paseos por el casco viejo de Santa Cruz de la Sierra. Así imaginé cómo me sentía, positivo ante la convalecencia, mientras el avión de BOA (Boliviana de Aviación) aterrizaba, procedente de Santa Cruz, en el aeropuerto internacional más alto del mundo: El Alto. Recuerdo salir amedrentado de la terminal, apocado por la irreal atmósfera que me obligaba a ralentizar mis movimientos. La ciudad del Alto, edificada cuadra a cuadra a ladrillo visto — tal vez porque enyesar las fachadas encarecía el presupuesto o por tema de impuestos municipales— ya engullía las instalaciones aeroportuarias. Nunca ninguna tierra ...

Movimiento, movimiento: Crónica de una estancia sitiada

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  Aeropuerto de Viru Viru,  26 de enero de 2026 Eran las tres de la mañana en el exótico complejo aéreo de onomatopéyico nombre, aquel que evoca a la calandria, pájaro autóctono de trino vibrante. Tal vez —solo tal vez— sus habitantes primigenios, mucho antes de que los impetuosos y fanáticos religiosos de ultramar arribaran, bautizaron así a un antiguo curso de agua, hoy extinto, mientras se dejaban envolver por el bullicio de estas simpáticas aves. El dolor acumulado por un nervio irritado en la espalda, tras las horas innecesarias para saltar el océano Atlántico, no dejaba que mi mente trinara a consonancia con su rítmico nombre. Avianca , la compañía colombiana, me trasladó desde Barcelona a Bogotá primero, para finalmente dejarme en las tierras bajas del país de las alturas, el "Tíbet americano". Hecho un piltrafilla. Pero una mala decisión —por mucho que uno se resista a perder— acaba devolviéndote a la cruda realidad justo cuando piensas que estás hecho de retazos de h...

La Conciencia en el Alojamiento Sarao

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La Conciencia en el Alojamiento Sarao "A veces, el cuerpo necesita detenernos por la fuerza para que la mente pueda empezar a moverse. Lo que comenzó como una convalecencia obligada en una habitación de Santa Cruz de la Sierra, bajo el peso de una dorsalgia persistente, terminó convirtiéndose en un viaje mucho más profundo que el vuelo transatlántico que me llevó allí. Estas líneas son el resultado de ese encierro: una disección de la conciencia desde sus raíces biológicas y sus espejismos cuánticos, hasta su última y más dolorosa frontera: la responsabilidad ética ante un mundo que no siempre queremos ver."  —   Gemini. .Santa Cruz de la Sierra, a principios de febrero de 2026 "El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere". — Arthur Schopenhauer. Los primeros días en el Alojamiento Sarao , en Santa Cruz de la Sierra, estuvieron marcados por un intenso dolor de espalda. El viaje en avión desde Barcelona, con escala en Bogotá, había agrava...

Runruneador nocturno

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Barajas, 11 de febrero de 2026  La mayoría de los locales tenían las persianas bajadas cuando llegué a la Terminal 4 a medianoche, procedente de un vuelo intercontinental desde Bogotá ; parecía cualquier centro comercial  a horas intempestivas de cualquier ciudad del mundo. Sin embargo, aún quedaban clientes —o, en este caso, escasos pasajeros— en la vastedad de sus instalaciones. Pero no habían personajes siniestros, sacados de los nichos ecológicos más duros y peligrosos del mundo. Me dirigí al único local que vi abierto, un McDonald's , también con poca clientela, siguiendo la tónica de la noche madrileña en el aeropuerto. Solo unos jóvenes filipinos comían, en el centro del local, unas hamburguesas con patatas. Me senté muy cerca de ellos tras pedir mi hamburguesa de pescado, patatas y una cerveza. Mientras esperaba mi pedido sentado en uno de los bancos coloridos, me pregunté si los filipinos retornaban a su tierra o si acababan de llegar, esperando el vuelo doméstico qu...