Aquelarre en el altiplano
La Paz, febrero de 2026 Pensé equivocadamente que me aguardaban días felices en la mística ciudad paceña del altiplano andino, tras haber pasado una semana terrible en la calurosa urbe de las tierras bajas bolivianas. Los dolores de espinazo se habían atemperado gracias a las muchas horas de quietud en la cama de mi alojamiento y a los cortos paseos por el casco viejo de Santa Cruz de la Sierra. Así imaginé cómo me sentía, positivo ante la convalecencia, mientras el avión de BOA (Boliviana de Aviación) aterrizaba, procedente de Santa Cruz, en el aeropuerto internacional más alto del mundo: El Alto. Recuerdo salir amedrentado de la terminal, apocado por la irreal atmósfera que me obligaba a ralentizar mis movimientos. La ciudad del Alto, edificada cuadra a cuadra a ladrillo visto — tal vez porque enyesar las fachadas encarecía el presupuesto o por tema de impuestos municipales— ya engullía las instalaciones aeroportuarias. Nunca ninguna tierra tan yerma habría imaginado ser p...