Movimiento, movimiento: Crónica de una estancia sitiada
Aeropuerto de Viru Viru, 26 de enero de 2026 Eran las tres de la mañana en el exótico complejo aéreo de onomatopéyico nombre, aquel que evoca a la calandria, pájaro autóctono de trino vibrante. Tal vez —solo tal vez— sus habitantes primigenios, mucho antes de que los impetuosos y fanáticos religiosos de ultramar arribaran, bautizaron así a un antiguo curso de agua, hoy extinto, mientras se dejaban envolver por el bullicio de estas simpáticas aves. El dolor acumulado por un nervio irritado en la espalda, tras las horas innecesarias para saltar el océano Atlántico, no dejaba que mi mente trinara a consonancia con su rítmico nombre. Avianca , la compañía colombiana, me trasladó desde Barcelona a Bogotá primero, para finalmente dejarme en las tierras bajas del país de las alturas, el "Tíbet americano". Hecho un piltrafilla. Pero una mala decisión —por mucho que uno se resista a perder— acaba devolviéndote a la cruda realidad justo cuando piensas que estás hecho de retazos de h...