Mi estimado amigo de cuatro patas
MI PEQUEÑO Y GRAN AMIGO
Al colocarme las botas, tu ritmo cardiaco se dispara y tu rostro angelical se ilumina, incluso puedo distinguir un amago de sonrisa en tus quijadas cónicas. Luego, al abrir una de las puertas de atrás de mi coche, te acomodas en un ágil y veloz movimiento en el asiento, sentado sobre tus patas posteriores, esperando ansiosamente que te coloque la correa de sujeción. Sabes que la madre naturaleza vibra en ti.
Durante el trayecto hacia el destino, si se alarga más del tiempo que estás habituado, balbuceas gemidos lastimeros, la agitación te desborda y se impacienta tu alma canina. Es como si estuvieras proyectando en tu cerebro las imágenes de tu contacto con la naturaleza que te espera, anticipándote a los acontecimientos. Ansías vincularte a tus primitivos orígenes.
Lo suelto, y comienza su ritual, a saber: olfatear entre los arbustos y a correr en aceleraciones cortas y breves, haciendo honor a los de su raza: los podencos portugueses. Y reconoces, antes que yo, el verdadero Dios, de todos lo seres vivos, duerme entre la protección de sus majestuosas copas verdes. Aquí todos somos súbditos. El creador no hace excepciones, para él todos somos sus hijos, para bien o para mal.
Mientras asciendo por senderos de desniveles sofocantes que me recuerdan que los años no pasan en vano, tu apareces y desapareces de mi vista; mi tentación es llamarte y que no te muevas de mi lado, pero quién soy yo para negarte esos instantes de plena felicidad. Con ese reencuentro ancestral de los de tu especie con el bosque, aunque han pasado mucha generaciones, aún observo que podrías sobrevivir allí si te hubieran dado una oportunidad antes de arraigarte al hombre. Ahora ya es demasiado tarde, pero aún así continúas sintiendo esa fascinación y 'llamada de la Selva', que lo manifiestas con una ternura y un fervor hipnotizador:
- ¡ Ven, vuelve; te estamos esperando! Te susurra melosamente el alma ancestral de los bosques. Eres nuestro hijo. No huyas como los humanos, no seas infeliz. Yo soy quien te dio forma y conciencia. No te vayas, hijo, otra vez. Una voz que los hombres dejamos de escuchar hace mucho tiempo.
*Dedicado a mi compañero y amigo Hulk allá donde su espíritu este. Conocerte fue una de las mejores cosas que me han ocurrido en esta vida. Tú me enseñaste a comprender lo cercano que estoy a todos los seres vivos, que tenemos más cosas que nos unen que nos diferencia. Muchas gracias, por dejarme tu legado, reduscubrir la "vida salvaje" en mí. Siempre te echaré de menos,




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