De cuando planté la semilla de la aventura
olví a ver, en una jornada festiva, uno de aquellos lugares enigmáticos de mi infancia, después de décadas perdido en las profundidades de mi conciencia, deslumbraba con un resplandor que nunca antes había visto. A decir verdad, yo solo la conocí durante su etapa decadente y moribunda, nada hacía presagiar, en aquel tiempo, que algún día renacería, tendría una segunda oportunidad. Asimismo, los solares de maleza de los alrededores que en otra época debieron ser tierras de cultivo, por la presencia de restos de edificaciones y algunas albercas que todavía sobrevivían, habían dejado paso a naves industriales y comerciales.¡ Qué poco queda de aquellas imágenes infantiles! Ni tan siquiera la fábrica era tan grande como recordaba en mi imaginación. No logré llegar a mi destino en la hora establecida en aquel matutino día festivo. Me vi obligado a parar mi coche a la pobre sombra que arrojaba uno de los jovencísimos árboles que habían sido recientemente trasplantados a e...