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Las llamas del deseo

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Un día cualquiera de febrero de 2004 en Rishikesh   Las díscolas llamas se obstinaban en mantener su brío tremuloso en la oscura noche, luchando infatigablemente por permanecer protagonista  un poco más en la ribera del legendario Ganges, consumiendo la carne, la misma carne que se reconoció en un día lejano a sí misma y zascandileó en "cosas importantes" que inevitablemente se esfumaron con el sueño eterno.  Emitía el fuego abstractas apariencias de monstruosidades aterradoras, como si los resplandores quisieran extraer de la vida extinguida lo sucio, lo horrible y lo tenebroso. Mientras el cauce, todavía límpido a los pies de las voluminosas prominencias del Himalaya, corría veloz e impertérrito a lugares más fangosos y podridos, donde el creador azul fallecería en un ataque masivo de criaturas microscópicas. Y los quejidos de los mutilados reyes de los bosques, crujiendo en un frenético delirio, orquestaban la sinfonía  del más allá. Sacrificados silentes de los q...

Mochilero en Angola (X)

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 Capítulo décimo  Mis últimos días en Luanda Transidos de hambre y de dolor, permanecían como hojas perennes marchitas en las ramas de un majestuoso árbol, como piezas inamovibles e insustituibles del inmobiliario urbano,  desprovistos de todo refugio y condenados a vagar sin descubrir el placer de un colchón ni la placentera sensación de un alcachofa remojando sus seseras,  junto a vigilantes de seguridad que pasaban jornadas eternas, en un estado casi vegetativo, en los umbrales de los edificios más relevantes y suntuosos. No había mucha más gente en la Cidade Baixa en ese domingo de Ramos. Los pretenciosos y vanidosos angoleños de los días laborables que se blindaban en grandes  y lujosos carruajes, oscuros y modernos, se encontrarían  en sus  modernas villas o fiestas de lujo, una vida prohibitiva para la  mayoría de los seres humanos. Todo aquel baño de realidad dominical, en la bajamar de la riqueza, me dejaba desprovisto de toda armadura, ...

Mochilero en Angola (IX)

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  Capítulo noveno De Benguela a Luanda Todo tráfago de personas en la estación de Macon de Benguela se disipó rápidamente cuando la abandonamos en dirección a Luanda , después de adquirir el billete en la taquilla unos minutos antes ( por 11000kz ). Regresaba al lugar donde todo se había iniciado en un lluvioso amanecer, un sitio que me parecía increíblemente distante en el tiempo, a pesar de haber pasado apenas nueve días. Éramos pocos pasajeros en el interior del bus, en esa compañía no se palpaba los aires subsaharianos, es decir, no se llenaba el vehículo hasta el último rincón a expensas de ganar más dinero, priorizaban la puntualidad. Lo importante, como rezaba el lema de la  empresa era el destino: " Seu destino, nosso objectivo ! ". Aunque  eso no era suficiente para algunos angoleños, quienes se quejaban a la menor contrariedad, igual que cualquier ciudadano de nacionalidad española. A lo bueno rápido nos acostumbramos y olvidamos velozmente que venimos de un pa...

Mochilero en Angola (VIII)

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Capítulo VIII  Solo Benguela, porque no hay tapón que pare esto Había pasado una noche de mierda, especialmente las primeras horas de la madrugada, y la mejor manera de describirla sería como una auténtica secuela de "Nightmare on Elm Street" en Benguela , pero, claro está, sin Freddy atosigándome. Como mencioné  en los párrafos finales del capítulo anterior tuve que lidiar con una tormenta intestinal que parecía interminable. Por suerte, con el paso de las horas, los estragos de los retortijones estomacales comenzaron a calmarse. Entré en el comedor del hotel, opté por un desayuno ligero por miedo a que la gastroenteritis volviera a atacar, ya que no habría tapón que parara esto si retornaba. Me conformé con dos plátanos y una taza de manzanilla.¡ Qué remedio! Y aproveché el día para explorar la ciudad costera con más tranquilidad. Me acerqué primero a la Iglesia de Nuestra Señora de Pópulo, construida por los portugueses en el año 1748, y probablemente sea la primera edif...

Mochilero en Angola (VII)

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 Capítulo séptimo Adiós Planalto, bienvenida costa Me encantaba ver aquellos rostros de inocente sorpresa e incomprensible gesto de incredulidad cuando les preguntaba a los conductores de las motos el coste de la carrera y ellos me decían el precio, y yo les replicaba con la frase: " Você me cobra isso porque sou branco." Sonaban mohínos  sus "noes" mientras sus ojos se aturdían de repente, quedando perplejos ante la pregunta. Muchos de ellos no tenían inoculado el germen de la ambición.  Me era imposible ponerme a la defensiva con ellos y ejercer la apisonadora negociadora que llevaba dentro. Además, los precios solían ser tan bajos que resultaba todavía más difícil llevarlo a cabo ( 200kz ). El motorista, una vez superado el sonrojo por mi incomoda pregunta, me llevó a una de las estaciones de autobuses, donde un conductor  de una pick-up estacionada  en los alrededores me interceptó, e insistió varias veces que era un coche de lujo: " É luxo". La realid...